Los 8 principios rectores
No son declaraciones de intenciones: son criterios de decisión. Ante cualquier disyuntiva sobre el Parque —un acceso, un evento, una infraestructura— estos principios dicen qué debe prevalecer.
Todo parte de una idea: durante décadas hemos gestionado el Parque al revés.
Primero preguntamos cuántas personas caben y después qué le queda a la naturaleza. Proponemos invertir el orden. De ese cambio de paradigma nacen estos ocho principios, inspirados en el modelo de los grandes parques nacionales de Canadá y adaptados a la realidad de los Picos de Europa.
La integridad ecológica es la primera prioridad
La conservación de los procesos naturales, la biodiversidad y el paisaje no es un objetivo más a equilibrar con otros: es la condición previa de todo lo demás. Cuando el uso público entra en conflicto con la salud del ecosistema, es el uso el que se ajusta.
La ciencia decide, no la presión
Las decisiones se fundamentan en evidencia —capacidad de carga, indicadores de conservación, estudios revisados— y no en la presión estacional, mediática o económica del momento.
Visitar es un privilegio que se gestiona
El acceso a un espacio protegido no es un derecho ilimitado, sino un privilegio compartido que debe administrarse para que no destruya aquello que la gente viene a disfrutar. Gestionar el acceso no es prohibir: es garantizar que siga existiendo algo que visitar.
Quien conoce, cuida
La protección no se sostiene solo con normas, sino con vínculo. Un visitante que comprende por qué ese lugar es único se convierte en su aliado. La interpretación ambiental —contar el porqué, no solo el qué— es una herramienta de conservación, no un adorno.
Transparencia y rendición de cuentas
La gestión de un bien común debe ser abierta y evaluable. Los datos, los criterios y los resultados se hacen públicos, para que la ciudadanía pueda juzgar si el Parque cumple su misión.
Precaución ante las actividades de alto impacto
Cuando una actividad puede causar daño ecológico y no hay certeza científica de su inocuidad, la carga de la prueba recae en quien la promueve. La duda se resuelve a favor de la conservación.
La comunidad local, aliada y beneficiaria
La conservación no se hace contra el territorio, sino con él. El modelo debe generar valor para quienes viven en los Picos, orientando la economía local hacia un turismo de calidad y sostenible en el tiempo.
Calidad frente a cantidad
El éxito de un Parque Nacional no se mide en número de visitantes, sino en el estado de su naturaleza y en la calidad de la experiencia. Menos masificación puede significar más valor: ecológico, social y económico.
Estos principios son la columna vertebral del Libro Blanco
Cada propuesta que defendemos se deriva de ellos. Conócelos en profundidad y súmate a la causa.
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