Flora y fauna del Parque Nacional de los Picos de Europa
Osos, lobos, rebecos, quebrantahuesos y hayedos milenarios. Lo que hay que proteger, en veintidós fotografías.
Los Picos de Europa albergan una variada flora y fauna adaptada a los diversos pisos bioclimáticos del parque. Entre los mamíferos destacan el oso pardo cantábrico, el lobo ibérico y el rebeco, mientras que en el cielo es posible avistar imponentes aves rapaces como el quebrantahuesos y el águila real. En cuanto a la flora, los hayedos y robledales dominan las zonas más bajas, mientras que en las alturas predominan praderas alpinas y especies adaptadas a condiciones extremas.

Flora
La vegetación del parque varía según la altitud y la orientación de sus laderas. En las zonas bajas y valles predominan los hayedos y robledales, proporcionando un refugio para muchas especies de fauna. A medida que se asciende, aparecen pastizales de montaña, donde se desarrollan especies como el enebro rastrero y diversas plantas adaptadas al clima extremo, como la genciana y la flor de las nieves.
En las zonas más altas, por encima de los 2.000 metros, la vegetación es escasa, dominada por praderas alpinas y matorrales resistentes al frío. Entre las especies más representativas está el tejo, un árbol milenario que se encuentra en algunos rincones del parque, y el acebo, con sus características hojas perennes y frutos rojos que sirven de alimento a muchas especies en invierno.


Mamíferos
El Parque Nacional de los Picos de Europa es hogar de una gran diversidad de mamíferos, muchos de ellos emblemáticos de la fauna ibérica. Entre los más representativos se encuentra el oso pardo cantábrico (Ursus arctos), una especie en peligro de extinción que sobrevive en pequeños núcleos dentro del parque. También destaca el lobo ibérico (Canis lupus signatus), cuya presencia es fundamental para el equilibrio ecológico del ecosistema.
Otro de los mamíferos más característicos es el rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva), un ágil escalador que habita en las zonas más altas del parque. Además, especies como el ciervo rojo (Cervus elaphus), el corzo (Capreolus capreolus) y el jabalí (Sus scrofa) son comunes en los bosques y praderas de menor altitud.
En los entornos fluviales y lacustres del parque es posible avistar nutrias (Lutra lutra), que se deslizan entre las aguas cristalinas en busca de alimento. En las cuevas y grietas de las montañas habitan diferentes especies de murciélagos, esenciales para el control de insectos y el equilibrio del ecosistema.







Aves
El cielo de los Picos concentra algunas de las rapaces más notables de la península. Al águila real y al quebrantahuesos se suman el alimoche, el águila culebrera y el águila calzada, además de rapaces nocturnas como el búho real y el autillo.
Junto a ellas conviven muchas especies pequeñas menos vistosas y no menos importantes: el agateador común entre los troncos del hayedo, la lavandera cascadeña y la bisbita ribereña en los cursos de agua, o el alcaudón real en las zonas abiertas. La diversidad de aves es uno de los mejores indicadores de la salud del conjunto.










Peces
Los ríos y lagos del parque albergan una fauna acuática diversa, con especies adaptadas a las frías y cristalinas aguas de alta montaña. Entre los peces más representativos se encuentra la trucha común (Salmo trutta), una especie autóctona que se encuentra en la mayoría de los cursos de agua del parque y es altamente valorada por pescadores y naturalistas.
También se pueden encontrar especies como el piscardo (Phoxinus phoxinus), un pequeño pez que habita en arroyos y lagunas de aguas limpias, sirviendo de alimento a muchas aves y mamíferos. La presencia de peces en el parque es un indicador de la buena calidad del agua y del equilibrio ecológico del ecosistema acuático.
Anfibios y reptiles
Son el grupo menos visible y el más sensible. Dependen de charcas, fuentes y regatos que se secan antes que los ríos principales, de modo que cualquier alteración del ciclo del agua les afecta primero. La salamandra común aparece en los hayedos húmedos después de la lluvia, casi siempre al anochecer; la víbora cantábrica, endemismo del norte peninsular, ocupa los pedregales y las orlas de matorral, y es un animal esquivo que huye mucho antes de que uno lo vea.
Ninguno de los dos representa un problema para quien camina. El problema es el contrario: son ellos los que no sobreviven al pisoteo fuera de senda, a la charca convertida en aparcamiento improvisado o al vehículo que sube por una pista donde no debería haber tráfico.


Ver es la parte fácil
Todo lo que aparece en esta página existe porque el territorio todavía funciona como sistema: el relieve kárstico que almacena y filtra el agua, los hayedos que sostienen la humedad, los pastos de altura que aún se siegan. La fauna no es un adorno del paisaje; es la señal de que ese sistema aguanta.
Por eso el modo de visitar no es un detalle secundario. Antes de subir, merece la pena leer la guía de visita responsable y, si quieres entender por qué el modelo de gestión actual está agotando el Parque, el Libro Blanco de los Picos de Europa.
Fotografías: A. Ortega, A. Manzanares, J. L. Gómez de Francisco, J. L. Rodríguez, J. L. González Grande, C. Sanz, J. C. Muñoz, Jorge Sierra, F. Márquez, J. L. Cruz Alemán y Cámaras Ardeidas · Agencia INCAFO. Todos los derechos reservados por sus autores.