Capítulo 3. Aprender de otros territorios para construir un modelo propio

Libro Blanco · Parte II — El marco conceptual

Capítulo 3. Aprender de otros territorios para construir un modelo propio

Los Picos de Europa no necesitan copiar a nadie. Necesitan un modelo propio, construido desde su realidad ecológica, territorial y social, que aprenda de las experiencias que han funcionado en otros lugares sin quedar atado a ninguna. Este capítulo explica cómo.

Ante los problemas que documenta este Libro Blanco es tentador señalar un modelo extranjero y proponer su importación. Sería un error. Cada Parque Nacional responde a una historia, una estructura de propiedad, una población y una legislación propias, y lo que funciona en un territorio puede fracasar en otro. Por eso nuestra pregunta no es cómo aplicar el modelo de otro país, sino qué sistema de gestión necesitan los Picos de Europa para garantizar a la vez la integridad ecológica, la calidad de la visita y la supervivencia de las comunidades que forman parte del territorio. La comparación internacional es aquí una herramienta de investigación, no la identidad del proyecto.

3.1. Los Picos de Europa como territorio singular

Cualquier propuesta debe partir de lo que los Picos son, y no de una plantilla ajena. Son el único Parque Nacional español repartido entre tres comunidades autónomas, con la fragmentación administrativa que eso implica. Son un espacio habitado y humanizado, cuyo paisaje es el resultado de siglos de ganadería extensiva y usos tradicionales. Y soportan una presión turística intensa y concentrada en unos pocos enclaves. Esta singularidad, más que ningún referente exterior, es la que fija las condiciones del problema.

3.2. Qué debe resolver hoy la gestión de un Parque Nacional

La gestión moderna de un Parque Nacional debe responder a la vez a cuatro exigencias, proteger los valores que justificaron su declaración, ordenar el uso público dentro de límites ambientales, sostener a la comunidad que habita el territorio, y hacerlo con transparencia y evaluación. No es, por tanto, un problema sectorial de conservación, sino un problema de ordenación del territorio que exige una respuesta integrada.

3.3. La integridad ecológica como criterio de decisión

El primer pilar de un modelo solvente es adoptar la integridad ecológica, entendida como el mantenimiento de los procesos naturales y de la biodiversidad, como criterio que ordena las decisiones y no como una simple declaración de intenciones. Cuando el uso entra en conflicto con la conservación de los valores protegidos, es el uso el que se ajusta. Este criterio no es una ocurrencia, es un estándar reconocido internacionalmente en la gestión de áreas protegidas, que aquí formulamos para los Picos.

3.4. Gestión del uso público y el concepto de capacidad del territorio

El debate sobre el acceso se ha empobrecido al reducirlo a cuántas personas o vehículos caben, medido casi siempre por plazas de aparcamiento o por la demanda turística. Frente a esa lógica proponemos una formulación propia, más completa.

Capacidad de uso del territorioLa capacidad de uso de un espacio protegido debe establecerse a partir de la combinación de su capacidad ecológica, territorial, social y de gestión, de manera que el uso público no provoque un deterioro incompatible con los valores naturales y culturales que justificaron su protección.

Así entendida, la capacidad deja de depender de una infraestructura de aparcamiento o de una fuente externa, y pasa a derivarse de los propios límites del ecosistema y del territorio. Es una definición que puede contrastarse con experiencias internacionales, pero cuya aplicación se desarrolla íntegramente desde las necesidades de los Picos.

3.5. Ciencia, indicadores y gestión adaptativa

Un modelo serio exige que la ciencia preceda a la decisión. Eso significa fijar indicadores medibles del estado de conservación, establecer umbrales a partir de ellos, y aplicar una gestión adaptativa que mida sus propios resultados y corrija el rumbo cuando los datos lo aconsejan. Y exige transparencia, hacer público el estado del Parque para que la ciudadanía pueda juzgar si la gestión cumple su misión.

3.6. Participación de las comunidades locales

Ningún modelo funcionará contra el territorio. La legitimidad y la eficacia de la gestión dependen de integrar a quienes viven y trabajan en el Parque, ayuntamientos, ganaderos, sector turístico, científicos y organizaciones, en el diseño y el seguimiento de las decisiones. La participación no es un trámite, es la condición para que el conocimiento local enriquezca la gestión y para que las medidas se perciban como un proyecto compartido y no como una imposición.

3.7. Experiencias internacionales y lecciones transferibles

Solo llegados a este punto, y como contraste, tienen sentido las experiencias de otros territorios. Varias administraciones han aplicado con éxito los principios anteriores, y conviene conocer cómo lo han hecho. Algunas han consagrado por ley la integridad ecológica como primera prioridad de la gestión. Otras han rediseñado el acceso a sus enclaves más frágiles a partir de la capacidad del entorno y no del aparcamiento, sustituyendo el vehículo particular por sistemas de transporte colectivo. Muchas publican informes periódicos del estado de sus parques y han hecho de la interpretación ambiental una herramienta de conservación. Estas experiencias, entre ellas las de los parques nacionales de Canadá, se citan cuando aportan una solución concreta, siempre extrayendo primero el principio y solo después el ejemplo.

3.8. Principios que pueden adaptarse a los Picos

De ese contraste extraemos los principios transferibles, la integridad ecológica como criterio de decisión, el acceso regulado según la capacidad del territorio, la ciencia y los indicadores como base de la gestión, la interpretación como forma de conservar, la transparencia y la participación de la comunidad. Son principios, no soluciones cerradas, y deben adaptarse a la escala, la propiedad y la legislación de los Picos.

3.9. Principios que no deben trasladarse automáticamente

Igual de importante es decir con honestidad qué no debe importarse. No sirve el modelo de naturaleza «virgen y sin gente» del que nació la figura en Norteamérica, porque los Picos son un territorio habitado cuyo paisaje depende de la actividad humana. No sirven las soluciones pensadas para espacios inmensos y despoblados, ni los esquemas de propiedad o de financiación ajenos a nuestro marco. Y no sirve cerrar accesos o restringir usos sin ofrecer alternativas a la comunidad. Reconocer los límites de lo transferible es lo que separa una propuesta seria de una copia.

3.10. Bases de un modelo propio para los Picos de Europa

De todo lo anterior se deduce el modelo que este Libro Blanco propone, un sistema de gestión que pone la integridad ecológica como criterio de decisión, que define la capacidad de uso a partir de los límites del territorio, que decide con ciencia y se somete a evaluación, que integra a la comunidad rural como parte de la solución, y que corrige la fragmentación administrativa con una gobernanza a escala de macizo. Un modelo construido desde los Picos y contrastado con el mundo, no al revés.

Aprender de otros no es copiar a otros. La respuesta, al final, tiene que ser de los Picos de Europa.
Fuentes y método. Este capítulo aplica la regla del proyecto, cada afirmación relevante recorre cuatro niveles, fuente, análisis, contraste y conclusión propia. Las experiencias internacionales, incluidas las de los parques nacionales de Canadá, se emplean como contraste técnico y se citarán con su fuente exacta cuando aporten datos, hechos o formulaciones concretas. La definición de capacidad de uso del territorio es una formulación propia de este Libro Blanco. El marco de referencia incluye la Ley 30/2014 de Parques Nacionales, el Real Decreto 389/2016 (Plan Director) y los estándares de la UICN.
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