Capítulo 4. Valores naturales y culturales, incluidos los núcleos ganaderos
Los Picos de Europa no son solo naturaleza, ni solo cultura, son las dos cosas a la vez. Su fauna salvaje y el paisaje que modelaron los ganaderos son, juntos, lo que da sentido a su protección.
Cuando se declara un Parque Nacional se protegen unos valores concretos, y conviene nombrarlos con precisión, porque de ellos depende todo lo demás. En los Picos esos valores son de dos clases entrelazadas, los naturales, que sostienen la biodiversidad y los procesos ecológicos, y los culturales, que siglos de vida rural han esculpido en el paisaje. Confundirlos, o proteger unos olvidando los otros, está en la raíz de muchos errores de gestión.
4.1. La biodiversidad, un patrimonio natural excepcional
Los bosques de hayas y robles, acompañados de fresnos, tejos y acebos, dan cobijo a una fauna emblemática y, en muchos casos, amenazada. El rebeco cantábrico recorre las cumbres, el lobo ibérico y el oso pardo ocupan de nuevo parte de su territorio histórico, el urogallo cantábrico resiste en grave peligro, y grandes rapaces como el águila real y el quebrantahuesos surcan sus cielos. Cada una de estas especies es un indicador de la salud del conjunto, cuando el ruido, la afluencia o las infraestructuras las desplazan, no perdemos una postal, perdemos equilibrio ecológico.



4.2. Un paisaje que hicieron las personas
Sería un error imaginar los Picos como una naturaleza intacta y ajena al ser humano. Más del 99% de su superficie agraria son pastos, y la ganadería extensiva de alta montaña ha modelado estos valles y estas cumbres durante siglos. Los prados de siega, las majadas de altura y los invernales no son intrusiones en el paisaje, son el paisaje, un ecosistema cultural tejido por generaciones de pastores que aprendieron a usar la montaña sin agotarla.

4.3. Los núcleos de aprovechamiento ganadero
Esas majadas, brañas, invernales y pequeñas aldeas pastoriles forman lo que podemos llamar los núcleos de aprovechamiento ganadero, auténticas plataformas agronómicas colgadas a distintas altitudes que permitían aprovechar los recursos de cada estación sin degradarlos. Son el legado de siglos de interacción inteligente entre el ser humano y la montaña. Hoy, sin embargo, muchos se abandonan y se degradan. Este Libro Blanco propone reconocerlos como unidades de gestión diferenciadas y como patrimonio cultural, y no como un vestigio del pasado condenado a desaparecer.
4.4. Fauna salvaje y ganadería, parte del mismo sistema
Distinguir la fauna salvaje del pastoreo no significa enfrentarlos. Al contrario, el pastoreo extensivo mantiene abiertos hábitats de altísimo valor, como las formaciones herbosas del hábitat prioritario 6210*, previene incendios y sostiene la biodiversidad de esos pastos. La fauna salvaje, incluidos los grandes carnívoros, forma parte del mismo territorio. La convivencia entre el lobo o el oso y la ganadería es un reto real que exige gestión, conocimiento y apoyo a los ganaderos, no un motivo para expulsar a ninguno de los dos.