Ramiro I 843-850

Don Alfonso, antes de morir, recomendó como candidato más digno de sucederle en el trono a  don Ramiro, hijo de Vermudo el Diácono y dña Usenda.Los principales ricos hombres aceptaron la designación y le proclamaron rey el año 843.

Don Ramiro contaba entonces cincuenta y tres años de edad, y era viudo. Había ido a tierras de Bardulia (hoy Castilla) a contraer nuevo matrimonio con una gran señora, llamada Paterna.

Aprovechando su ausencia, uno de los magnates de Vasconia, el conde Nepociano, que estaba casado con una hermana de Alfonso II, no contento con el feudo que tenía en aquella región , aspiró a ocupar el trono de Asturias y promovió una insurrección en los vascones contra don Ramiro, confiando que algunos asturianos habían de ayudarle en la empresa, pero no fue así. Los asturianos leales e hidalgos se aprestaron a pelear por su rey. Don Ramiro, hombre de gran energia, a pesar de su edad, corre a Galicia, reúne un ejército en Lugo y entra en Asturias, donde se le unen también sus fieles vasallos. Le salió al encuentro el usurpador Nepociano, encontrándose ambos ejércitos en un valle a orillas del río Narcea, junto a Cornellana, y allí se dió la batalla. Fué esta favorable a don Ramiro, que derrotó completamente a las tropas de Nepociano, el cual se vió obligado a emprender la huída camino de Pravia, para no caer prisionero. Pero los condes Escipión y Sonna, sus partidarios, a fin de al­canzar el perdón del vencedor, le hicieron traición, le prendieron y le entregaron a don Ramiro. Este mandó que le sacaran los ojos y le encerrasen en un monasterio, donde pasó el resto de sus días.

Hubo después de este levantamiento otros dirigidos por los condes Aldroito y Piniolo, inducidos por Nepociano, que desde su celda seguía intrigando, los cuales corrieron su mis­ ma suerte, siendo privados de la vista y de la libertad.

Hizo también desaparecer los bandidos que poblaban las montañas asturianas, sacando los ojos a cuantos caían en sus manos. Empleó aún más rigor con los hechiceros y adivinos, a los que mandó exterminar y quemar vivos. Su temperamento era duro y justiciero y lá Crónica del Albeldense le llama “Vara de jus­ticia”.

INVASION DE LOS NORMANDOS

En este reinado de don Ramiro, fué Asturias invadida por los normandos, pueblos bárbaros del Norte, que desembarcaron en las costas de Gijón, dedicándose a ,la piratería. Ya antes habían infestado con sus correrías las costas del Mediterráneo y del Atlántico.

Los asturianos se aprestaron a la defensa y les combatieron con ardor, obligándoles a re­ tirarse hacia Galicia. Desembarcaron luego en el lugar de Brigantium, hoy Coruña; don Ramiro los persiguió con su ejército y consiguió sobre ellos una gran victoria, quemándoles setenta navíos y matando muchos de los invasores, quedando Asturias libre de tan molestos enemigos. El resto de los normandos logró huir y dirigió sus naves hacia Sevilla, la que inva­dieron, apoderándose de copiosas riquezas y degollando multitud de musulmanes

BATALLA DE ALBELDA

La batalla más famosa que ganó a los infieles fué la llamada de Clavijo el 23 de mayo de 884.

Don Ramiro dirigió luego sus esfuerzos para combatir a los musulmanes, a los que derrotó en memorables jornadas.

El rey moro, Abderramán II, buscó un pre­ texto para declarar la guerra a don Ramiro. Le envió una embajada para requerirle la entrega de las cien doncellas, que conforme al convenio realizado con Mauregato, tenían que entregarle los reyes de Asturias, los cuales habían dejado de cumplir. Don Ramiro despidió a los embajadores con una negativa, lo que suponía una declaración de guerra por parte del monarca musulmán.

En previsión de lo que iba a ocurrir, don Ramiro comenzó los preparativos para alistar un ejército lo más numeroso posible, pues no ignoraba que tenía que entenderse con un caudillo, de suyo feroz y que la prosperidad había envalentonado.

Una vez todo dispuesto, con el fin de- ganar tiempo y reputación, avanzó don Ramiro con sus tropas por tierras enemigas y llegó hasta La Rioja, que a la sazón se hallaba en poder de los moros.

Abderramán, al tener noticia del avance de los cristianos, salió con un poderoso ejército al encuentro de don Ramiro, enfrentándose, ambos cerca de Albelda o Albaida, a unos diez kilómetros de Logroño. Allí se dió una de las batallas más sangrientas y señaladas de aque­llos tiempos. Las huestes cristiana, sufrieron gran quebranto y la noche puso fin al com bate.

Se retiró angustiado don Ramiro con sus tropas en busca de mejores posiciones y se parapetó en !as dos montañas que dominan el pueblo de Clavijo, situado entre ambas. Recibe hoy día una, la situada a la izquierda, el nombre de Monte del Castillo, por el que está en ella situado, y la de la derecha, Monte Laturce.

SUEÑO DE DON RAMIRO

Don Ramiro consideraba perdida toda esperanza de salvación, pues se veía bloqueado por el ejército árabe acampado en la llanura y en espera del nuevo día para terminar de aniquilar los restos del ejército cristiano. El rey no cesaba de implorar con lágrimas y oraciones la ayuda del Altísimo. Al fin, rendido por las emociones y cansancio del día, se quedó dormido, y durante el sueño se le apareció el apóstol Santiago animándole y asegurándole que tuviere por cierto, que al día siguiente obtendría la Victoria sobre los infieles.

Despertó el rey regocijado con tan grata noticia y al momento mandó llamar a los prelados y a los grandes y les dió cuenta de la visión que había tenido en sueños. Animados todos por tan alegre y consoladora nueva, comenzaron a preparar las tropas y excitar su espíritu, que había quedado muy deprimido por la derrota del día anterior.

BATALLA DE CLAVIJO

Apenas amaneció, los cristianos, llenos de gran ánimo e invocando el nombre de Santia­go, dice la crónica: “bajaron rápidos y audaces, como leones y osos, de la cumbre del monte e irrumpieron contra los sarracenos con admirable celeridad”. Estos quedaron sorprendidos ante aquel ataque inesperado, de los que creían como vencidos, y se entabló una sangrienta y empeñada lucha. En lo más reñido del combate, dice la leyenda, que se dejó ver en el aire la figura del apóstol Santiago, montado en un caballo blanco y ostentando en la mano una bandera blanca con una cruz roja en el centro. Esta aparición llenó de terror a los moros y de alegría a los cristianos, que, excitados y confortados, causaron una espantosa derrota en las filas sarracenas, que em­ prendieron la fuga, dejando el campo lleno de cadáveres y libre de enemigos.

La llanura donde se desarrolló la batalla re­ cibe aún hoy día el nombre de Campo de la Matanza.

Don Ramiro dió gracias a Dios por la gran merced que le había concedido y, para perpetuar la gratitud al apóstol Santiago, estableció un voto, mandando que por cada yugada de tierras o de viñas, sea entregada cierta medida de trigo y de vino, cada año, para la iglesia del apóstol Santiago.

Este voto se cumple aún, haciéndose el Estado español cargo de él y ofrendando todos los años una cantidad , en reconocimiento de la continua protección dispensado por Santiago a España.

Tuvo lugar la batalla el año 884 de J. C.(1)

(1)  Mucho se ha escrito y discutido acerca de la existencia de la batalla de Clavijo sobre todo por escritores modernos; Últimamente, el sacerdote don Julián Cantera Orvé, en su interesante y documentado libro «La batalla de Clavijo», trata de probar la veracidad de la batalla y aporta tan gran copia de datos y razonamientos que llevan el convencimiento at ánimo y parece no ha lugar a la duda. Si el Sr. Cantera hubiese visitado el palacio de Ramiro I, en Oviedo, encontraría más argumentos para su libro.

DIPLOMA DEL REY RAMIRO

El diploma original expedido por el rey don Ramiro no se conserva. Dicho original, o lo que por tal se tenía en aquella época, dice Sánchez Vaamonde, en su “Apología del Voto”, se extravió en el año 1543, al ser presentado en la Chancilleria de Valladolid con motivo del pleito contra la villa de Pedraza. Se conocen varias coplas, entre otras, una procedente del Monasterio de Corias, Asturias, y se conserva en la Bibliqteca Nacional de Madrid. Su versión del texto latino original, es como sigue:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”​

Escribimos también las causas que nos inclinaron a hacer esta oblación, para que llegue a     noticia de nuestros sucesores de ahora en adelante.

No se han de pasar en silencio los hechos de los antepasados por los que los sucesores puedan ser aleccionados en lo bueno; sino antes al contrario deben consignarse en documentos escritos para lo que, con su recuerdo, sean los venideros invitados a imitar el buen ejemplo.”​

Por ello yo, el rey RAMIRO y   mujer que Dios me dió, la reina URRACA, con nues­tro hijo el rey ORDOÑO y mi hermano el rey GARCIA, encomendamos a la fidelidad de la escritura la ofrenda que hicimos al muy glo· rioso Apóstol de Dios, Santiago, con la conformidad de los arzobispos, obispos, abades y de nuestros príncipes y de todos los cristianos de España, para que acaso, por ignorancia de nuestros sucesores, no traten de deshacer lo por nosotros hecho, sino que acordán­dose de nuestra obra, se muevan a imitarla.“​

Hubo no mucho tiempo después de la ruina de España causada por los sarracenos en tiempo del rey RODRIGO, algunos de nuestros predecesores, reyes de los cristianos, perezosos, descuidados, flojos e indolentes, cuya vida ciertamente no se puede poner por modelo.”

Estos (mejor sería callarlo)  con el fin de que los sarracenos mejor no se molestasen con sus incursiones guerreras, pactaron con ellos vergonzosos tributos, a saber: darles cada año cien doncellas de extraordinaria hermosura, cincuenta de la nobleza española y cincuenta del estado llano. ¡Oh dolor! y ejemplo indigno de la posteridad. Por adquirir una paz temporal y transitoria se entregaba la cristiandad cautiva para satisfacer la lujuria mahometana

Desde el dla en que Nos, descendiente de los antedichos príncipes, tomamos, por la misericordia de Dios, las riendas del gobierno, tuvimos como primer cuidado, inspirándonoslo la bondad divina, abolir semejante oprobio de nuestro pueblo

Con el fin de realizar tan digno proyecto, comunicamos nuestro pensamiento, primero a los arzobispos, obispos, abades y varones religiosos; después, a todos los príncipes de nuestro reino.”​

Resuelto al fin y tomando el prudente y saludable consejo, dimos en LEÓN leyes y fueros a nuestros pueblos, que se debiesen guardar por todas las provincias de nuestro reino.”​

Así mismo, promulgamos decreto general todos los principes de nuestro reyno para que juntasen de todos nuestros dominios los hombres fornidos y aptos para la guerra, tanto nobles como plebeyos, de a caballo y de a  pie, reuniéndolos todos en día determinado prontos para la marcha.”

.”​

Rogamos también a los arzobispos, obis­ pos, abades y varones religiosos, que estuviesen presentes, para que, con sus oraciones, aumentase, por la misericordia de Dios, el esfuerzo de los nuestros .”​

Cumplióse así nuestro mandato y, ha­biendo dejado para cultivar las tierras sola­ mente a los débiles y menos útiles para la lucha, se juntaron para la salida los demás, no tanto coaccionados por nuestra orden, cuanto voluntarios por el amor de Dios que les guiaba.”​

Con esta gente reducida yo, el rey RA· MIRO, confiando más en la misericordia de Dios que en la multitud., de mi ejército, una vez atravesadas las tierras intermedias, enderecé mi camino a NÁJERA, de donde pasé a un lugar que se llama ALBELDA.“​

Pero entretanto los sarracenos, conociendo nuestra venida por los rumores que les negaron, se reunieron contra nosotros todos los de aquende el mar; y avisados por cartas y mensajeros los de allende nos acometieron todos con grande multitud y fuerzas muy poderosas.”

¿ Qué más ? el caso fue, y de él no poder acordarnos sin lágrimas, que cayendo muchos de los nuestros a causa de los pecados maltrechos y heridos los demás nos dimos a huir y sin orden llegamos al collado que llamaban de CLAVIJO. “

Una vez allí y apelotonados en un peñasco , pasamos casi toda la noche entre sollozos y plegarias, ignorando completamente qué habíamos de hacer al día siguiente. Entretanto, me tomó el sueño a mí, el rey Ramiro, mientras revolvía muchos pensamientos y estaba perplejo de la suerte de los cristianos.”

Y estando yo durmiendo, se dignó apa­ recérseme, en figura corporal, el bienaventurado SANTIAGO, protector de los españoles; y, como yo, admirado de lo que veía, le preguntase, ¿quién era?, me aseguró ser el bienaventurado apóstol de Dios, SANTIAGO. Poseído yo entonces de mayor asombro, que ·en modo extraordinario me produjeron tales palabras, el bienaventurado apóstol me dijo: “¿Acaso no sabias que mi señor JESUCRISTO distribuyendo las otras provincias del mundo a mis hermanos, los otros apóstoles, confió por suerte a mi tutela toda ESPAÑA y la puso bajo mi protección?

Y, apretando con su mano, la mía, prosiguió: Buen ánimo y ten valor,pues yo he de venir en tu ayuda y mañana, con el poder de Dios, vencerás a toda esa gran muchedum­bre de enemigos por quienes te ves cercado. Sin embargo, muchos de los tuyos destinados al descanso eterno recibirán la corona del mar­ tirio en el momento de vuestra lucha por el nombre de Cristo. Y para que no haya lugar a  duda, tanto vosotros como los sarracenos me veréis sin cesar sobre un caballo blanco , llevando en la mano un estandarte blanco”

Por tanto, al punto de rayar el alba, recibido el sacramento de la penitencia con la confesión de los pecados, celebradas las Misas y recibida la Comunión del Cuerpo y la Sangre del Señor, no temáis acometer a los escuadro· nes de los sarracenos, invocando el nombre de Dios y el mío, teniendo por cierto que ellos caerán al filo de la espada. Dicho todo esto, desapareció de mi presencia la agradable visión del apóstol de Dios.”​

 Empero yo, despertado prontamente por tam singular singular visión, la comuniqué con lágrimas y  sollozos a los arzobispos, obispos, abades y varones religiosos llamados aparte:ellos, pues estando primero en oración, dieron muchas gracias a Dios y al apóstol por tan maravillosa consolación y se apresuraron después a poner en práctica la orden que se me había dado.”

Armada ya y puesta nuestra gente en orden de batalla, entramos en lucha con los sarracenos y el bienaventurado apostol de Dios se apareció como lo había prometido, instigando a ambos, pero realmente animando a nuestras huestes para el combate, y entorpeciendo y desbaratando a los contrarios. ”

Tan pronto como esto vimos, entendimos haber sido cumplida la promesa del bienaventurado apóstol y alegres sobremanera con tan señalada visión, comenzamos a  dar grandes voces que salían de lo íntimo del corazón, invocando el nombre de Dios y el del apóstol, con este grito: ¡Que Dios nos ayude y Santiago ¡                

Esta fue la primera vez y en aquel lugar que se hizo tal invocación en España; y por la misericordia de Dios no sin fruto, pues cayeron este día en el campo de batalla setenta mil sarracenos.

A continuación, destruídas y tomadas sus defensas, seguimos en su alcance y     conquistamos la ciudad de Calahorra, restituyéndola a la fe cristiana.”

Teniendo, pues, en cuenta después de la inesperada victoria, este tan gran milagro del apóstol, pensamos establecer para a nuestro patrono y protector, el muy bienaventurado SANTIAGO, algún don que durase por siempre. De consiguiente ordenamos por toda España e hi­cimos voto, que se ha de guardar en todas las partes de España, que Dios nos conceda librar de los sarracenos por la intercesión del Apóstol SANTIAGO, de pagar perpetuamente cada año, a manera de primicias, de cada yugada de tierra una medida de la mejor miés, y lo mismo del vino, para el mantenimiento de los canónigos que residen en Ja iglesia del bien­ aventurado Santiago y para los ministros de la misma iglesia.”​

Concedimos también e igualmente con­firmamos para siempre, que los cristianos por toda España, de todo el botín que en cada una de las expediciones cogieren a los sarracenos, den con toda exactitud a nuestro glorioso patrono protector de España, el bienaventurado Santiago, tanta parte y porción como corresponde a un soldado de a caballo. “

Nosotros, todos los cristianos de Espa­ ña, hemos prometido con juramento dar cada año a la iglesia del bienaventurado SANTIAGO todos estos donativos, votos y ofrendas que arriba se indican y así tenemos canónicamente determinado que se observe perpetuamente por nosotros y nuestros descendientes.

Por tanto, os pedimos Padre omnipotente y Dios eterno, que mediante los méritos del bienaventurado Santiago no os acordéis, Señor, de nuestras iniquidades, sino que sola vuestra misericordia nos· valga, aunque indignos de ella. Y todo cuanto a honor vuestro dimos a vuestro bienaventurado apóstol Santiago y ofrecimos de las cosas que de vos y por su me­ dio hemos adquirido para nosotros y nuestros sucesores, sirvan para remedio de nuestras al­mas, y por su intercesión os dignéis admitir­ nos con vuestros elegidos en las moradas eternas, donde en Trinidad vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.”

También queremos y establecemos se observe siempre, que todos cuantos vengan de nuestro linaje presten su favor y ayuda para los sobredichos votos del bienaventurado Santiago. Y si alguno de nuestra familia o de otras llegase a quebrantar este nuestro testamento o no ayudase a cumplirlo, cualquiera que ése fuese, clérigo o seglar, sea para siempre condenado al infierno con Judas el traidor y Datán y Abirón, a quienes vivos tragó la tierra; y sus hijos queden huérfanos, y su mujer, viuda; y que su reino temporal lo posea otro; y sea privado de la comunión del Cuerpo y de la sangre de Cristo; y, finalmente,· no entre jamás en la participación del reino eterno. Además pague a cada una por mitad seis mil libras de plata a la regia majestad y a la iglesia del bienaventurado Santiago. Y que esta escritura quede en vigor para siempre.”​

Del mismo modo, nosotros los arzobispos, obispos y abades, que por merced divina vimos con nuestros propios ojos aquel mismo milagro, que nuestro Señor Jesucristo, por mediación de su apóstol Santiago, se dignó mostrar a su siervo, nuestro ilustre rey Ramiro, confirmamos a perpetuidad el citado hecho de donación y voto del mismo rey, nuestro y de todos los cristianos de España, y sancionamos canónicamente su observancia.”​

Y si alguno llegare a quebrantar esta escritura y voto de la iglesia del bien aventu­rado Santiago o se negase a pagarlo, cualquiera que él fuese, rey o príncipe, plebeyo, cléri­go o seglar, le maldecimos y excomulgamos, condenándole a ser atormentado por siempre jamás en el infierno con Judas el traidor. Hagan esto mismo con devoción todos nuestros sucesores arzobispos y obispos. Y si no quieren, queden condenados por autoridad del om­nipotente Dios Padre e Hijo y Espíritu Santo y por la nuestra; y queden ligados con exco­ munión y deudores del poder que Dios les en­tregó.”

Fué  hecha esta escritura de votos, donación y ofrenda en la ciudad de Calahorra en el señalado día 8 de las Calendas de junio, era 872 (25 de mayo del año 834) .”​

Confirmamos con nuestra propia firma este escrito que hemos hecho yo, el rey Ra­ miro,a una con mi mujer la reina Urraca y nuestro hijo el rey Ordoño y mi hermano el rey García. Estuvieron presentes.“​

Yo Dulcidio, arzobispo de Cantabria, que estuve presente, confirmo. Yo severo, obispo de Oviedo, que estuve presente, confirmo. Yo Oveco, obispo de Astorga ,que estuve presente, confirmo. Yo Salomón, obispo astoririense, que estuve presente, confirmo. Yo Rodrigo, obispo de Lugo, que estuve presente, confirmo.

Yo Pedro, obispo de Liria, que estuve presente, confirmo.  Yo la reina Urraca, confirmo. Yo el rey Ordoño, su hijo, confirmo. Yo el rey Ramiro,confirmo.

Osorio Pérez, mayordomo del rey, que estuve presente, confirmo. Pelayo Gutiérrez, escudero del rey, que estuve presente, confirmo. Menendo Suárez, potestad de la tierra, que estuve,presente, confirmo. Rodrigo González, potestad de la tierra, que estuve presente, con­ firmo. Gudesteo Osoriez, potestad de la tierra, que estuve presente, confirmo. Severo Menéndez, potestad de la tierra, que estuve presente; confirmo.

Gutiere Osoriez, potestad, que estuve presente, confirmo. Osorio Gutiérrez, potestad, que estuve presente, confirmo. Ramiro García, potestad, que estuve presente, confirmo.

Martín, testigo. Pedro, testigo. Pelayo, testigo. Severo, testigo. Menendo, testigo. Vicente, sayón del rey, testigo.

Nosotros, todos los moradores de primeras tierras de España, que estuvimos presentesy con nuestros propios ojos vimos el sobredicho milagro de nuestro patrón y protector el glo­riosisimo apóstol santiago y alcanzamos por la misericordia de Dios el triunfo de los sarrace­nos, sancionamos todo lo arriba descrito y lo confirmamos a fin  de que permanezca para siempre.

Yo Pedro Marcio, por la gracia de Dios Cardenal de la iglesia del bienaventurado Santiago, lo escribí tal como lo encontré en otro escrito que se conserva en el tesoro del bien­ aventurado Santiago y en su cajón correspon­diente, e hice copia y lo aprobé con mi firma.”

– Gonzalo
Notario

Iglesia dedicada a San Miguel Arcángel.
Palacio construido por el rey Ramiro I en la falda del monte Naranco, a unos cuatro kilómetros de Oviedo. En los capiteles de las columnas aparecen en unos, dos doncellas y dos guerreros; en otros, cuatro doncellas y cuatro guerreros. No hay duda que se refiere al ominoso tributo de las cien doncellas, que Ramiro I abolió, derrotando a los árabes en la batalla de Clavilo.

CONSTRUYE EL REY UNA IGLESIA Y UN PALACIO

Construyó el rey Ramiro en la falda del monte Naranco, cercano a la ciudad de Ovie­do, una iglesia dedicada a San Miguel Arcángel,y  muy próximo a ella un palacio para su residencia. Ambos de una arquitectura de arte asturiano muy original, sólido y esbelto. El palacio, al deteriorarse la iglesia de San Miguel, fué convertido en iglesia, dedicada a Santa María. Hoy ha vuelto a utilizarse para el culto la de San Miguel, y el palacio ha sido restaurado, conservando en gran parte la estructura primitiva. También levantó el rey, y se conserva en la actualidad, la iglesia de Santa Cristina de Lena, preciosa joya del arte asturiano.

Fué el reinado de Ramiro uno de los más in­ teresantes en la historia de Asturias. De ca­ rácter afable, animoso y justiciero, nunca supo mantenerse inactivo, y cuando las ocupacio­ nes de la guerra le dejaban libre, dedicaba sus energías al cuidado de la administración pública y todo género de manifestaciones artisticas, y supo mantener siempre la confianza de sus súbditos. Falleció el año 850 y fué sepultado en la Ca­ pilla del Rey Casto, de la Catedral de Oviedo, al lado de su padre. En su sepulcro hay un epitafio, que, traducido al castellano, dice:

En primero de febrero de la era de 888 (850 de J. C.) murió el rey don.Ramiro el primero. To­ dos los que esto leyeren no cesen de rogar por su descanso perdurable.

Por Toni Vega

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