Alfonso III el Magno 862-910

A de Ordoño I heredó el trono su hijo primogénito, Alfonso III, que ya desde los catorce años regía la tierra de Galicia, bajo la obediencia de su padre. Fue consagrado rey a  los dieciocho años, el día de Pentecostés, 26 de mayo del 866.

Al morir su padre, don Alfonso se hallaba en Alava, y, aprovechando su ausencia, el conde de Galicia, Froila, hijo de Olemundo, se proclamó rey de Galicia, y, no satisfecha su ambición, buscó en Asturias adeptos, y         apoyados por algunos nobles allá se dirigió a marchas forzadas, proclamándose rey de dicha Región.

Don Alfonso, no contando con medios para resistirle, huyó a Castilla a pedir ayuda al Conde Rodrigo, casado con una hermana de su padre. Rodrigo se apresuró a prestarle el auxilio necesario, organizó un ejército y  penetró con él en Asturias. cuando Alfonso y Rodrigo llegaron a Oviedo se encontraron con que los mismos magnates que habían apoyado a Frola en sus pretensiones para reinar en Asturias, sin duda, ante el temor del triunfo de don Alfonso, tramaron una conspiración contra Froila y le dieron muerte. D. Alfonso fue luego recibido con gran entusiasmo y tomó posesión del trono de su padre. Año de 866.

SUBLEVACION DEL CONDE EYLÓN

No le duró mucho el sosiego a don Alfonso…

…porque pronto tuvo noticia que el conde Eylón, gobernador de Álava, se había insurreccionado, declarándose independiente.

Don Alfonso partió para Álava, a fin de so­meter a los rebeldes, pero éstos, como dice Sampiro en su crónica, con el terror de su venida su redujeron, reconocieron los jura­mentos debidos y, suplicantes, inclinaron su cerviz, prometiendo mantenerse fieles a su señorío. El jefe de la rebelión, Eylón, fué hecho prisionero, traído a Oviedo y encerrado en una cárcel, donde terminó sus días.

LOS MOROS PONEN SITIO A LEÓN

Los caudillos árabes, Almondhir, hijo del rey de Córdoba, Abderramán II, y Alcama, hicieron una incursión por los territorios cristianos y llegaron hasta León, a cuya ciudad pusieron sitio.

Enterado  don Alfonso, reunió un aguerrido ejército y  marchó rápidamente en auxilio de la ciudad, logrando levantar el cerco y  poner en fuga a los musulmanes, causándoles muchos muertos de pérdidas.

MATRIMONIO DE DON ALFONSO

Don Alfonso, para poder fortalecerse en su lucha con los árabes, buscó la alianza de los navarros y          de los franceses. A dicho fin contrajo matrimonio con la princesa navarra, Amelina, conocida después con el nombre de Jimena, de la estirpe real de los godos. De este matrimonio tuvo don Alfonso por hijos a García, Ordoño, Fruela y Gonzalo; fué este luego arcediano de Oviedo.

INCURSION POR TIERRA DE MOROS

Fortalecido don Alfonso con la ayuda de los navarros, franceses y vizcaínos, reunido un poderoso ejército e hizo una incursión por los territorios de los moros, talando y destruyendo pueblos y apoderándose de rico botín. En su incursión atravesó los campos de Castilla y llegó hasta Lusitania, poblando a Braga, Chaves, Porto, Viseo y Llamego, llegando más allá del río Duero, cuyas márgenes fortificó. Restauró luego algunas ciudades, como Dueñas, Zamora, Simancas y Toro, fundó otras nuevas, creando en ellas obispados.

LOS ÁRABES LLEGAN HASTA ZAMORA

Al años siguiente (874) el califa de Córdoba, Mohamed Avenloque, al ver cómo don Alfonso iba extendiendo sus conquistas, preparó un numeroso ejército al mando de su hijo Almondhir, que llegó hasta la ciudad de Zamora, a la que puso sitio. Don Alfonso se apresuró a ir al encuentro de los árabes, les derrotó, liberó la ciudad y produjo en ellos una horrible matanza.

TREGUA DE TRES AÑOS

Continuó luego don Alfonso su incursión por tierras de moros, pasó el Tajo y llegó hasta Mérida. El califa de Córdoba, al ver que no podia contener el ejército cristiano, pidió una tregua por tres años, enviando de mediador al célebre musulmán Abud-Walid, que había estado cautivó en Oviedo y fué liberado mediante un cuantioso rescate. Estuvo dos años prisionero, al cabo de los cuales concertó con don Alfonso el precio de su libertad, prome­tiendo entregarle cien mil dinares, dejando en prenda a un hijo, dos hermanos y un sobrinos , que vinieron a Asturias y permanecieron hasta que fue abonada dicha cantidad.

                                    

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Los tres años de tregua fueron aprovechados por don Alfonso para consolidar y repoblar su dominio en las tierras ganadas a los moros. Reconstruyó ciudades, levantó iglesias, construyó castillos, repobló villas y colonizó la tierra conquistada.

CONSPIRACION CONTRA DON ALFONSO

Por esta época se vió don Alfonso presa de una conspiración tramada por sus hermanos Froilán, Odoario y Vermudo, para arrebatarle el trono. Enterado el monarca, se dirigió a sofocar la rebelión de los que hasta entonces había tenido como valiosos auxiliares y los derrotó en Grajal de Campos. Vermudo, que parece haber sido el jefe de los sublevados, fué hecho prisionero, encerrado en una prisión y condenado a ceguera. Froilán logró huir y se refugió entre los castellanos. Más tarde, Vermudo, a pesar de su ceguera, logró evadirse de la prisión, y con ayuda de algunos partidarios se apoderó de Astorga, en la que se hizo fuerte por algún tiempo. Al fin don Alfonso le derrotó y Vermudo huyó, refugiándose en tierra de moros.

DON ALFONSO DISTRIBUYE EL REINO ENTRE SUS TRES HIJOS

Don Alfonso, juzgando, que la distribución de sus ya extensos territorios entre sus hijos facilitaría su mejor gobernación, los puso al frente de cada una de las provincias. Encargó a Ordoño, de la zona de Galicia; a Fruela, de Asturias, y a su primogénito, García, de las vastas tierras foramontanas, conquistadas úl­timamente, quedando todos ellos bajo su su­prema autoridad.

Impuso don Alfonso a sus vasallos impuestos y derramas, para remediar tantas necesi­dades producidas por las continuas guerras, cosa que disgustó a los súbditos.

LA REINA CONSPIRA CONTRA DON ALFONSO

Aprovechando este descontento de los súbditos, la reina doña Jimena, que estaba dis­ gustada con su esposo, persuadió a su hijo García a que aprovechase aquella ocasión para levantarse en armas contra su padre. Enterado éste, marchó a Zamora, donde se hallaba García, le prendió y lo trajo preso a Asturias y  lo encerró en el castillo de Gauzón, hoy Gozón, junto a Avilés. Pero no terminaron aquí los males. Don García estaba casado con una hija del Conde de Castilla, Munio Fernández, señor muy poderoso en riquezas y vasallos, y con la ayuda de la reina y de los hermanos del preso, hicieron la guerra por espacio de dos años a don Alfonso.

DON ALFONSO ABDICA EL TRONO

Viéndose, al fin, don Alfonso abandonado de los hijos, y encontrándose viejo y cansado y deseoso de vida más tranquila, abdicó el trono y se retiró de acuerdo con los hijos rebeldes, a la villa asturiana de Boides, hoy Puelles, cerca de Valdediós, donde se alza todavía la famosa basilica de San Salvador, que don Alfonso había mandado construir. Hizo luego una peregrinación a Santiago de Compostela para visitar el sepulcro del Apóstol, cuyo templo enriqueció, haciendo en él importantes mejoras. al volver de su peregrinación se enteró de las incursiones que realizaron los moros y, sintiéndose aún con ánimo de lucha, pidió a su hijo don Garcia que le proporcionase tropas para ir a combatirlos. Este, para complacerle y congraciarse con él se las proporcionó. Don Alfonso se puso al frente de ellas y batió y venció a los moros , regresando cargado de abundante laureles.

FALLECIMIENTO DE DON ALFONSO.

Por fin, vencido por la edad y los achaques, falleció en Zamora el 20 de diciembre del año 910, después de 48 años de reinado. Su cuerpo fué sepultado en Astorga y con él lo fué más tarde su espesa , doña Jimena, siendo luego trasladados sus restos a la catedral de Oviedo, donde reposan en el panteón destinado a los reyes en la capilla del rey Casto.

Don Alfonso fué llamado el Magno por su valor, por su fe, por sus esclarecidos hechos, por su justicia y por la prudencia conla que gobernó a sus súbditos.

Realizó don Alfonso grandes obras. Reedificó la catedral de Santiago de Compostela; enriqueció con donaciones y privilegios la catedral de O v i e d o , consiguiendo del Papa Juan VIII que se celebrase un Concilio en esta ciudad; construyó unos baños y una Iglesia en Zamora; restauró el monasterio de Sahagún; levantó castillos en Alba, Luna, Gor­dón y Arbolibio, en León; el de Tudela, cerca de Oviedo; el Gauzón o Gozón, cerca de Avilés; etc.

LA CRUZ DE LA VICTORIA

La cruz de roble enarbolada por don Pelayo, como pendón, en la batalla de Covadonga, fue recogida por su hijo Favila, y, para su guarda, mandó construir una iglesia en Cangas, que aún se conserva, dedicada a la Santa Cruz.

Más tarde Alfonso III, el Magno, llevó la tarde su esposa, doña Jimena, siendo luego cruz de Pelayo a su castillo de Gauzón, y la mandó cubrir de oro y piedras preciosas. Tiene la cruz noenta y dos centímetros de alto por setenta y dos de ancho. El anverso está formado todo él por delicadas labores afiligranadas de oro con incrustaciones de amatistas, esmeraldas, topacios y rubíes.

El reverso es menos labrado, casi liso en los brazos, y en cada uno lleva una inscripción latina. La del brazo superior dice :

Recibido sea este don con agrado, en honra de dios, que hicieron el príncipe Alfonso y su mujer, Jimena.

En el brazo derecho: Cualquiera que presumiese quitar estos nuestros dones, perezca por el rayo de Dios.

En el izquierdo : Esta obra se acabó y se entregó a San Salvador, de la catedral de Oviedo.

En el brazo inferior: Con esta señal es defendido el piadoso; con esta señal se vence al enemigo. Hízose en el castillo de Gauzón el año 42 de nuestro reinado, corriendo la era 946 ( Año 908 de J.C.).

En la actualidad se conserva esta valiosa e histórica cruz en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.

TRASLADO DE LA CORTE A LEON

Con Alfonso III, el Magno, termina la serie de reyes privativos de Asturias y la Monarquía propiamente asturiana, dando comienzo para ella un nuevo periodo en su historia.

La corte se traslada a León con don García por rey. León constituía de ese modo un baluarte más avanzado y una posición más favorable en la reconquista del suelo patrio, pa­ra enviar expediciones a tierras de moros y poder acudir con más prontitud a defender los extensos territorios dominados por los cristianos e ir ampliándolos hasta que negase el día de la total expulsión de la morisma de toda la península.

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